Esas miradas…

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Ese mirar tuyo

que traba  o resbala,

que manda o que ruega,

reprocha o aprueba,

que besa sin labios

o  hiere sin daga,

subyuga o eleva

o deja perplejo

a quien le incomoda,

que aísla  o arrastra,

que turba o serena,

enerva y altera,

Ese mirar tuyo

me lleva abstraído,

obseso  y poseso

tras su bella estela.

Campaña electoral

chiste

Las próximas elecciones

serán sobre Venezuela

y no sobre la cazuela

que se cuece en los fogones.

¡La cosa tiene cojones!

Con los temas que tenemos

y que solamente hablemos,

para ocultar las  tarjetas

y los robos de los jetas,

del partido de Podemos.

Los jefes a su porfía:

Que a mí no me das lecciones,

que tú tienes más ladrones,

que tú eres más todavía.

¿Y de lo nuestro qué había,

señores procuradores?

¿Olvidan nuestros dolores,

mientras sobre el lodazal

discuten del bien y el mal

postulantes regidores?

Haikús

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La mariposa

en la flor de la jara

y tú  conmigo.

 

En  el estanque

a la luz de la luna

canta la rana.

 

Sendas de plata

en  noches de verano

por los olivos.

  

Un beso a oscuras

se perdió en tus labios

por la calleja.

 

Tarde de siesta,

en el fondo del pozo

perdí los ecos.

 

En  el balcón

de una calle desierta

canta un jilguero.

 

Qué guapa estás

con el cabello al aire

mirando lejos.

 

En la rivera

a la sombra  del chopo

el agua pasa.

 

El bieldo al aire

separa paja y grano

con la marea

 

En los olivos

serrando siesta y  aire

va la chicharra.

 

Noche de invierno

por callejas a oscuras,

huellas de barro

 

Calor ardiente,

con el pañuelo al cuello

los segadores.

 

Musgo y piedra

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Cuando las velas de tus deudos

extingan de  sus pábilos las llamas

sólo musgo y piedra

velarán tu sueño eterno.

En  las grietas de las losas

crecerá bravía la hierba

y los  vientos del otoño

arrastrarán hasta tu tumba  espinos secos.

Nadie evocará tus andanzas

ni sabrá tus historias.

Quienes te conocieron

labrarán contigo  el mismo huerto

de moradas malvas.

Para los nietos de tus nietos

 ni siquiera serás un recuerdo.  

 

Voces al viento

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Entre un corro de  muchachos

el pregonero en la esquina

lanza al aire sus pregones

al toque de trompetilla.

 

Chiflo del afilador,

arpa de viento que afila

con silbo fino de acero

el vientre de las cuchillas.

 

El hortelano  vocea

con voz de noria tranquila

los productos  de la huerta

y el verde frescor del día.

 

De Huelva, la mar salada,

frescas y vivas sardinas,

jureles, cazón y rubio

almejas y pescadillas.

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El hombre de los “tostaos”

pregona  la mercancía

y cambia garbanzos crudos

quitando el colmo a  la cima.

 

Carbonero con su burro

despacha carbón de encina

que torna en oro el soplillo  

en las antiguas cocinas.

 

Mujer de verdes hinojos,

pobre y de luto vestida,

junta  manojos  lavados

en la fuente de la villa.

 

El pan de las aguaderas

por vales de la maquila.

Manosea el panadero

ronzal, burra y  calderilla.

CARRITO CHUCHES

Casa por  casa el dulcero,

del brazo una canastilla

con mimos y cortadillos,

hojaldras y perrunillas.

 

Altramuces del arroyo

en el  charco de tía Espina

con  una cesta de mimbre

y un vasito de medida.

 

 

Diego y Bartolo con chambras

de Campanario  venían,

hilos,  tripa y pimentón

que las matanzas avían.

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Cuando acababa la feria

los turroneros salían

de calle en calle endulzando

la oculta  glotonería.

 

El tío de los helados

con la paleta ponía

cabeza a los cucuruchos

de turrón, fresa y vainilla

 

Podría seguir contando,

mas,  larga  fuera la lista.

Sólo nombro a botijeros,

y al hombre de la cal viva.

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¡Ah, me olvidaba  al ditero,

y al que del Viar  traía

peces en la bicicleta.

Y al de las calcomanías,

 

ese de los cancioneros

de Marifé y de Molina,

gomas y restalladeras,

pirulís y chucherías.

 

 

Aquí acaba el homenaje

a personas  que hace tiempo

recorrían nuestras calles

lanzando  su voz al viento.

Francisco Umbral

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La vida de Francisco Umbral, que en realidad se llamaba Francisco Alejandro Pérez Martínez,  fue,  tras esa postura insolente y descarada que exhibía, triste y trágica. 

Su madre, Ana María Pérez Martínez, una mujer soltera y tuberculosa, lo tuvo a él tras una relación con un hombre casado   del que era su secretaria, Alejandro Urrutia, abogado cordobés y escritor, padre del poeta Leopoldo de Luis, gran amigo de Umbral.   El distanciamiento y desapego de su madre, que fue a parir a Madrid al  hospital benéfico La Maternidad por temor a las habladurías de la gente de Valladolid,  lo marcó para siempre. Umbral tuvo un único hijo   que murió de leucemia a los cinco años, lo que le inspiró su libro Mortal y rosa (1975), lleno de hondo lirismo y sentimiento.

Él mismo escribió: “He optado o estoy optando por el engaño, por el autoengaño, de modo que seré inauténtico para siempre. No creáis nada de lo que diga, nada de lo que escriba. Soy un farsante”.

Me he permitido escribir el soneto que sigue como reconocimiento al gran escritor que fue tras reflexionar que muchas veces las apariencias engañan. 

Creó en su mente un mundo paralelo

lleno de elaborada fantasía,

para suplir su infancia tan vacía

de familia, querencias y consuelo.

Con alas de escritor levantó vuelo

y dio armazón a lo que no existía

creyéndose él mismo la utopía 

del brillo que emitía el espejuelo.

Francisco Umbral, de cínica insolencia,

ególatra y pedante altanería

inventó el personaje de sí mismo,

alcanzando en las letras la excelencia

con la trágica farsa que escondía

su orfandad en el fondo del abismo

Dormir en el monte

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Esta noche he dormido en el monte

sin ser aquel  vaquerillo  

que tendió su manta en el suelo.

Como los pastores en  días fríos,

busqué cobijo  al sur de la ladera,

cerca de Venus,

Hacia el norte, el valle de su vientre

y el edén de su pechos más arriba.

¡Qué placenteras ondulaciones del terreno!

A su abrigo quedé en la madrugada,

amparado en el  tibio calor de los deseos.

Mujeres valientes

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¿Qué  juglar glosará tu valentía

si el falso libro de la historia calla

relato meritorio  de  medalla

y  mención que resalte tu valía?

 

El duro batallar de cada día

donde ni el sufrimiento hizo muralla

ni  a tu entrega  frenó ninguna valla

ha de tener su  justa  apología.

 

En tiempos de carencias, hambre y  miedo

silenciosa, sufrida y olvidada

luchaste por  tus hijos con denuedo.

 

Tenaz mujer, a ti va dedicada

en solar patrio de Caín y ruedo

esta loa debida y tan  ganada.

 

Atardecer en el campo

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Se está tendiendo la tarde

como alondra en la besana

sobre los surcos en sombras.

Los álamos cantan nanas

en los remansos  del río

con los trinos de sus ramas.

El agua  va permutando

dorado color por plata

y luego oscuro  azabache.

El toque  de las campanas

llega en brazos de los ecos

con súplicas  desmayadas

a morir en los barbechos

desde la torre lejana.

La senda se desvanece

o en las excelsas palabras

que escribiera don Antonio

con una espina clavada:

“se enturbia y desaparece”.

¡La inmensidad está en calma!

Preadolescencia

 

beso en el parque

 

 

 

(Beso en el parque de Leonid Afremov)

Un cálido susurro 

llega  incitante  a  sus oídos.

Alterado, no sabe qué le están diciendo.

Roto el equilibrio emocional

del muchacho bisoño,

le turba el gozo

del roce de otra cara en su mejilla.

Con temblor de temprana flor al viento

responde balbuciente, con sonrojo.

El volcán de su  cuerpo adolescente

asoma en el brillo de sus ojos