Fotografía de Juan Sevilla
http://www.flickr.com/photos/juaninda/

Blog personal de Juan Francisco Caro Pilar, maestro y abogado.
Fotografía de Juan Sevilla
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Fotografía de Juan Sevilla
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Sol que inflamado en la vencida tarde
se adentra entre los labios de los montes
y en fecunda coyunda de horizontes
en un morado de pasiones arde.
Penetrando en el fondo de la noche
deposita en las simas vaginales
simientes de los polvos siderales
vaciados con ardor y con derroche.
Amores duraderos y constantes
de una tierra que está siempre cubierta
ofreciendo en el mar vagina abierta
y en las sierras unos labios anhelantes
Fotografía de Juan Sevilla
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La titular de Trabajo italiana, Elsa Fornero, se ha roto en llanto al presentar el plan de ajuste de su gobierno. Esa acción, que al menos demuestra sensibilidad social, debe causar a sus conciudadanos el mismo efecto que a los viajeros de un avión ver salir a la azafata de la cabina de mando dando gritos.
Echaremos las barbas a remojar porque aquí podemos correr parecida suerte. Teniendo en cuenta que nuestros políticos, banqueros y demás especímenes de caraduras y arrimados no van en el mismo barco que nosotros, por blindajes, cursos acelerados de cotización y sustracciones varias, será la sufrida infantería la que apechugue con los costos de esta acerba crisis.
Ese dinero invisible que se mueve diariamente de sitio con órdenes electrónicas de compra-venta nos puede arruinar aun más sin que nos enteremos de que es nuestro sudor el que se evapora vía electrónica; movimientos de capitales con sombrilla y hamacas que buscan el refugio seguro de paradisíacas playas fiscales. El otro, el del empleado, el artesano, el tendero, el pequeño empresario, el que se cuenta a final de mes euro a euro y se guarda como tesoro, apreciando lo que cuesta ganarlo, no es responsable los desaguisados económicos actuales. La España del cincel y de la maza, expresión de D. Antonio Machado, no es culpable de la impericia de los timoneles ni de la avaricia de los desalmados.
El Honrado Concejo de la Mesta creó una serie de caminos y accesorios para que el ganado trashumase: cañadas, cordeles, veredas, coladas, descansaderos, contaderos…
Los pastores con sus rebaños bajaban de Castilla en invierno a las templadas tierras extremeñas y regresaban por primavera a sus orígenes.
En su transitar por estas vías ganaderas el ganado comía las hierbas que encontraba a su paso, sin detenerse hasta el descansadero, pero aprovechando el viaje con bocados aquí y allá.
Como residuo metafórico de esta actividad en Ahillones existe la expresión “ir de cordeleo” para referirse a las pandillas que van de bar en bar tomando copas.
Cuando el candil era uno de los instrumentos usuales para la iluminación por falta de luz eléctrica se disponía de una alcuza donde se guardaba el aceite que se le echaba a la mecha para que, empapada del rudimentario, pero efectivo combustible, siguiera alumbrando desde el topetón de la chimenea, por ejemplo. De este uso se han derivado expresiones relacionadas con la costumbre de empinar el codo. Así “estar de alcuceo”, significa estar bebiendo. Si vemos a alguien que ya está en una fase avanzada del proceso decimos que está alcuceado. “Ayer estuvimos todo el día de alcuceo”, le referimos a alguien que nos encontramos al día siguiente para explicar nuestro estado de destemple. “¡Qué alcuza lleva ese!”, utilizando aquí el término alcuza como sinónimo de borrachera.
La analogía de echar aceite al candil para que se empape la mecha y la de ingerir, generalmente vino, empapándose uno por dentro, está clara. Tanto es así que si algún conocido le afeaba a otro su costumbre de beber tanto vino le contestaba ofendido: “¿Acaso tú lo echas en el candil?”

Fotografía de Juan Sevilla.
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Se encienden suavemente las esquinas
cuando la luz resbala cada la tarde
por la lejana espalda de los montes
buscando del océano las orillas.
Regresan los labriegos por caminos,
de la brega, el sudor y la fatiga,
a mujeriega de cansadas mulas
en busca del calor y del cobijo.
Llama el bronce ruidoso a la oración,
al rezo del temor que da la noche.
Al alba volverán a la besana,
a la rutina, al surco y la labor
hasta que el sol se duerma una mañana
entre la espuma blanca de las olas
y queden secas las espigas solas
en desolados campos de dolor.
Fotografía de Manuel Rodríguez Espino
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