
Octubre y noviembre están unidos por celebraciones paganas y cristianas. Halloween y Todos los Santos. Calabazas vaciadas y visitas a los cementerios.
El respeto a los muertos ha sido una constante a lo largo de la historia. Se les momificaba y abastecía de alimentos y ajuares para el más allá, se erigían monumentos funerarios en su memoria. Hay quienes por medio de prácticas espiritistas intentan comunicarse con ellos. Supersticiones y asombro.
Cada religión tiene sus ritos. Fieles para unos, infieles para otros, pero todas tienen como piedra angular a la muerte, denominador común insoslayable.
¿Es lugar o estado el paraíso? Yo, en mi niñez, lo imaginaba en un sitio maravilloso entre las nubes. El más allá siempre ha estado rodeado de misterio. Creer en otra vida sirve de consuelo a los que en esta sufren. Los no creyentes lo buscan aquí en la tierra. Ya veremos, dijo un ciego.
Estos días, previos a la celebración de Todos los Santos, son tradicionales las visitas a los cementerios, a los que acuden los familiares para adecentar los nichos y poner flores en recuerdo de los que murieron.
He estado allí y he recorrido las calles, que no dejan de crecer. El número de fallecimientos es superior al de los nacimientos. La última morada también tiene demanda de nichos y de albañiles.
No hay lugar donde el silencio hable tan alto. Tiempo de reflexión sobre la vida y la muerte, de las que muchos poetas ya escribieron. Por aquí pasan el viento y la lluvia, el calor de tórridos veranos y las heladas del mes de enero.
Epitafios con el último adiós en un pañuelo de piedra y la promesa del imposible olvido de sus allegados. Por aquí anduvieron trabajando en sus oficios, bebiendo vino en las fiestas y llorando en otros duelos. Se apagaron para siempre en el fondo de sus ojos el verde de las siembras, el dorado de las espigas y el intenso azul del cielo.
¡Cuántas historias en cada nombre quedan en las tumbas! Se extinguirán sus recuerdos con el paso de los años. Morirán sus deudos y los hijos de sus deudos. Quedarán de su pasado unas letras ilegibles en el mármol desgastado…y todo desaparecerá alejándose en el tiempo. Sólo los toques de las campanas a primeros de noviembre, anónimos y lejanos, honrarán su memoria. Un enterramiento en la tierra con unas piedras blanqueadas y unas flores recientes me ha conmovido. Alguien vela su descanso sin lápida ni nombre.

Cuando llevo mediada esta columna un estruendo de hierros me estremece en esta mañana aparentemente tranquila y soleada de finales de octubre. Otra vez la muerte viajaba en tren y llena abruptamente de dolor y sufrimiento los campos de España. Es desgarrador llenar los cementerios de tantos nichos nuevos. Descansen en paz las víctimas y reciban un abrazo solidario de consuelo todos los familiares que hayan sufrido alguna pérdida.
