
Mientras observamos el horizonte en una plácida tarde de estos días de septiembre, el planeta tierra, en el que tenemos posada y amplia ventanilla panorámica, viaja por el espacio a 108.000 km/hora alrededor del sol y a 1.670 km por hora sobre sí mismo, sin que por tal motivo se nos mueva un pelo.
Nos dirigimos ahora hacia el equinoccio de otoño, donde el sol dará perpendicularmente sobre el ecuador y se igualará la duración de los días y las noches, para seguir después, con progresiva inclinación de su eje, aumentando las horas de oscuridad y mermando la luz de los días.
Se va el verano. Las celebraciones en honor de santos, como san Miguel y san Mateo, ubicadas en fechas de finalización de cosechas y tratos de ganados, lo despiden. Agosto nos trajo un eclipse de sol, otro de luna y mucho humo. Una alineación que volverá a repetirse el próximo año. El universo sigue su marcha sincronizada, ajeno a las miserias de los pobladores de este minúsculo lugar dentro de la Vía Láctea.
A pesar de la pequeñez, algunos machos alfa se crecen. Golpean sus pecheras con los puños cerrados y lanzan gritos de poder para mostrar su dominio sobre lo propio y lo ajeno.

África llama a las puertas de Europa en la aldaba de las olas. Los autócratas de sus países subdesarrollados son incapaces de ofrecerles alternativas dignas para que no huyan en desbandada buscando una vida mejor. Además del efecto llamada que pueden originar las leyes, el desequilibrio económico estructural y la atracción que provocan las imágenes de este Dorado con deportistas de élite originarios de esos países, que han alcanzado la tierra de promisión y la riqueza, alimentan sus ansias de huir de sus miserias.
Los incendios han provocado la pérdida de miles de hectáreas de pastos, arboledas, viviendas y algunas vidas humanas en este “trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín”. El año que viene, si no se ponen bocas en las hierbas y cortafuegos en los montes volveremos a las quemadas.
En esta vuelta a empezar que supone el mes de septiembre, afilan sus navajas los verdugos mientras enseñan con falsas sonrisas, dentaduras relucientes dispuestas al bocado.
En España volverán los niños a las escuelas, los jóvenes a los institutos y a las universidades. Los trabajadores a sus labores.

Se añoran otros meses de septiembre. Los aromas de los membrillos sobre el topetón de la chimenea, cerca del almirez y de tazones de fina porcelana. El verdeo de la aceituna. Las uvas colgadas en racimos y los melones en redes de torvisca. La abuela hilando a la sombra del parrón, el gato a sus pies con jirones de sol sobre su pelo y la gallina cacareando en los corrales. Por la calle se escucha a un vendedor pregonando acelgas, fruta fresca y perejil. El mundo, en la paz de las rutinas.

Querido Juan Francisco ¡que bonito escribes!, también tus fotos son muy interesantes y me traen recuerdos, cómo la que nos muestras de los melones colgados, los comíamos hasta Navidad.
Abrazo grande
Muchas gracias por tu interesante comentario, Anelena. Un abrazo.