Vieja alameda

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Frecuentaba  el  lugar de apacible sosiego

en  mis tiempos de niño, esos años de seda,

y  sentado a la orilla  de esta fresca alameda

contemplaba   a  la luna  en su lecho  de fuego.

 

Esta tarde volví  en mi afán  andariego

y escuché los   tañidos que desde otra arboleda

por  los montes bajaban de  abrupta  roqueda

entre brisas ligeras y  perfumes  de espliego.

 

Percibí  los   latidos  de la diosa Natura

que en feliz concordancia ensamblaba los trinos

con el sol que se iba por los montes vecinos

 

A lo lejos  el pueblo,   diluyendo   blancura

entre  guiños de luces  y   cantares de grillos,

destacaba en la bruma  de la extensa llanura.

alamcor16

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