Plegaria para estos días

En estas fechas líbrame, señor, de empalagosas y melifluas felicitaciones. Que las que reciba lo sean de corazón.

Dame un lote de parabienes limitado y censado con el fin  de  transmitirlos a mis íntimos y evitar que me convierta en un zombi programado y autómata de tópica fraseología.

Líbrame de cenas pantagruélicas a dos carrillos que me pongan  al borde de la indigestión.

Aparta de mí las caras de bondad navideña de lego en vísperas de profesar.

Sácame de la vorágine de Nochevieja por la puerta trasera de la discreción para evitar que me divierta por imperativo legal sin que sea esa mi intención.

Átame la billetera con resistente goma, como hacían los mayorales en víspera de trato, para que en momento de debilidad no gaste lo que no puedo ni debo.

Aleja de la ventana de mi casa el estallido estruendoso de los petardos que desvelan mi sueño intempestivamente al poco de cogerlo.

Pon tu magnánima mano sobre mi cabeza para que el oropel y la fanfarria no alteren mi percepción de la realidad.

Si no fuera posible  concederlas  todas, permite al menos que salga de estas fiestas sin sufrir ningún desaguisado irreversible y las consecuencias sean leves y pasajeras. Es gracia que espero alcanzar de tu bondad e infinita misericordia.

 (Repetir tres veces antes de acostarse durante una semana)

El llanto del ajuste

 

Fotografía de Juan Sevilla

http://www.flickr.com/photos/juaninda/

 

 

La titular de Trabajo italiana, Elsa Fornero, se  ha roto en llanto al presentar el plan de ajuste de su gobierno. Esa acción, que al menos demuestra sensibilidad social,  debe causar a sus conciudadanos el mismo efecto que a los viajeros de un avión ver salir a la azafata de la cabina de mando dando gritos.

Echaremos las barbas a remojar porque aquí podemos correr parecida suerte. Teniendo en cuenta que nuestros  políticos,  banqueros y demás especímenes de caraduras y arrimados no van en el mismo  barco que nosotros, por blindajes, cursos acelerados de cotización y sustracciones varias, será la sufrida infantería la que apechugue con los costos de  esta acerba crisis.

Ese dinero invisible que se mueve diariamente de sitio con órdenes electrónicas de compra-venta nos puede arruinar aun más sin que nos enteremos de que es nuestro sudor el que se evapora vía electrónica; movimientos de capitales con sombrilla y hamacas que buscan el refugio seguro de paradisíacas playas fiscales.  El otro,  el del empleado, el artesano, el tendero, el pequeño empresario,  el que se cuenta a final de mes euro a euro  y se guarda como tesoro, apreciando lo que cuesta ganarlo, no es responsable los desaguisados económicos actuales. La España del cincel y de la maza, expresión de D. Antonio Machado,  no es culpable de  la impericia de los timoneles ni de la avaricia de los desalmados.

 

Cordeleo y alcuceo

El Honrado Concejo de la Mesta creó una serie de caminos y accesorios para  que el ganado trashumase: cañadas, cordeles, veredas,  coladas, descansaderos,  contaderos…

Los pastores  con sus rebaños bajaban de Castilla en invierno a las templadas tierras extremeñas y regresaban por primavera a sus orígenes.

En su transitar por estas vías ganaderas el ganado comía las hierbas que encontraba a su paso, sin detenerse hasta el descansadero, pero aprovechando el viaje con bocados aquí y allá.

Como residuo metafórico de esta actividad  en Ahillones existe la expresión “ir de cordeleo” para referirse a las  pandillas  que van de bar en bar tomando copas.

Cuando el candil era uno de los instrumentos usuales para la iluminación por falta de luz eléctrica  se disponía de  una  alcuza donde se guardaba  el aceite que se le echaba a  la mecha  para que, empapada del rudimentario, pero efectivo combustible, siguiera  alumbrando desde el topetón de la chimenea, por ejemplo. De este uso se  han derivado expresiones  relacionadas con la costumbre de empinar el codo. Así  “estar  de alcuceo”,  significa estar bebiendo. Si  vemos a alguien que ya está en una fase avanzada del proceso decimos que está  alcuceado.  “Ayer estuvimos todo el día de alcuceo”, le referimos a alguien  que nos encontramos al día siguiente para explicar nuestro estado de destemple. “¡Qué alcuza lleva ese!”, utilizando aquí el término alcuza como sinónimo de borrachera.

La analogía  de echar aceite al candil para que se empape la mecha y la de ingerir, generalmente vino, empapándose uno por dentro, está clara. Tanto es así que si algún conocido le afeaba a otro su costumbre de beber tanto vino le contestaba ofendido: “¿Acaso  tú lo echas en el candil?”

La prima y el olivar

CARTA EN EL PERIÓDICO HOY 25-11-11

 

 

La madre le preparó el traje  y  lo mandó  a la plaza a lucir el tipo de mocito en edad de merecer. A la luz clara del día las mangas  del repasado traje le venían  un poco cortas, igual que las perneras  a pesar de haberle soltado las bastillas. Estrecho el talle  de  forma que si se abrochaba el botón delantero le  respingaba la chaqueta por detrás. El brillo resaltaba en antebrazos y  culeras por el uso de difuntos usuarios. Aseado sí iba, recién duchado y con brillantina en el pelo, buen tipo, prestante  presencia y seguro el paso.

Pero esa prima lejana apetente y resabida no se dejaba  embaucar. Estaba avisada por su padre, tratante avezado de ferias y mercados. La tenía bien aleccionada: olivares, buenas casas y cortijos y  feraces  tierras de labranza. Las apariencias engañan, entérate de hipotecas y desahucios. Así que la escurridiza parienta, cuando contestó a sus requerimientos,  lo hizo con folklórico recochineo: “Anda diciendo tu madre que tienes un olivar y el olivar que tú tienes es que te quieres casar”.

La puta prima.

 

 

 

 

 

 

Esta impúdica prima ha perdido definitivamente la vergüenza. Toda la noche de juerga y farra y ahora se le suben los puntos a la cabeza por la desmesurada ingesta a granel de  garrafa ajena.  Atiborrada  de gustos caprichosos y  ajada por su  vida licenciosa, la muy insolente ya no se recata  de exhibir su pródiga desvergüenza, sino que nos arroja  a la cara sus lúbricos desmanes. Por más que  nosotros,  su honorable familia, hemos hecho lo indecible por disimular sus veleidades, ella  paga nuestros desvelos  paseándose desnuda  y desgreñada por el patio de vecindad  con las prendas íntimas en la mano. ¡Qué bochorno para una honra ganada a lo largo de generaciones  de ejemplar comportamiento!

Las pocas, pero bien ganadas pertenencias de la familia, al albur de usureros prestamistas que como buitres planean en busca de cadáveres con que saciar su voraz apetito.

Amarse en silencio

 

 

 

 

 

 

Sentados a un metro de distancia en la terraza de un bar miran en direcciones opuestas, bien a los que pasean o a los que están sentados en otros lugares; a veces, furtivamente,  al reloj de la torre. No hablan. Comen pipas de una bolsa común que hay sobre el velador. Cuando pasa algún conocido  levantan la mano para saludar.  Después de dos horas salen las primeras y únicas palabras  de la noche:

-¿Nos vamos ya?

-Vámonos

(Nota: Sí,  son las primeras y únicas porque el camarero,  que ya conoce sus hábitos, ha preguntado que si lo de siempre y ellos han asentido con la cabeza)

 

El paro

 

 

 

 

 

Parece ser que nunca pasa nada

en la engañosa calma de los pueblos.

Los días y las noches,

cangilones cansinos de  la noria,

pasan en sucesivas alternancias

de ocasos y alboradas.

Transitan las mujeres

como hormigas de casa a los comercios.

Los varones en paro

al resguardo  del norte en  las solanas,

gorra visera y pantalón de pana,

hasta que llegue la hora del almuerzo

para comer el pan de la desgana.

Da vergüenza mirarse  cara a cara

si no se gana en la honrada labor de la faena.

En  el silencio denso

de la deshabitada  madrugada

los suspiros  se engarzan con las penas

carcomiendo las alas de la estima

bajo el curvo cobijo de las tejas.

 

Candidatos y representantes políticos

 

 

 

 

 

 

 

Los candidatos para las próximas elecciones nos están regalando los oídos, como las sirenas a Ulises y a su tripulación. No nos los tienen que tapar con cera ni atarnos al mástil del barco. Conocemos esos cantos.

Los líderes y sus séquitos llegan a los mítines con la parafernalia de himnos, banderas y abrazos por doquier. Las imágenes, sobre todo las de la tele, valen más que mil palabras, así que atentos  con el rabillo del ojo a la lucecita roja de las cámaras que entonces sí que hay que echar el resto.

He escuchado en esta precampaña la propuesta de reducir el número de diputados y senadores. Creo que es una medida acertada, aunque malogre las expectativas de muchos afiliados.

En lo que se refiere al Senado que propongan  la reforma de  la Constitución, como se ha hecho con el tope de gasto público, y eliminarlo  sin más.

Los diputados podían reducirse sin que la Institución sufriera menoscabo. He observado cuando votan en pleno  dos detalles que desdicen de la alta misión  que ostentan y  que apoyan esta opinión. Uno es el de los deditos, no los cinco de la manita futbolística, sino los que levanta el encargado del grupo parlamentario para que todos voten lo que han decidido los jefes: uno para el sí, dos para el no y tres para la  abstención. Para eso no hace falta tanta gente.

El otro detalle es el de las suplantaciones para votar por compañeros ausentes. Ausencias, en algunas ocasiones  vergonzosas, donde se ve el hemiciclo casi vacío y un señor en la tribuna hablándole a los sillones.

 

Animales, lengua y sexo

 

 

 

 

 

 

La lengua se ha enriquecido a lo largo del tiempo con expresiones que atribuyen a las personas cualidades de los animales. Si digo de alguien que es un lince estoy resaltando su agudeza y sagacidad.

La cobardía se la han cargado a las gallinas, la fuerza vigorosa a los mulos y la adulación a las babosas.

El genérico sustantivo pájaro se aplica al hombre astuto y sagaz que suscita recelos.

Buitre lo decimos de la persona que se ceba en la desgracia de otra o también que come con ansia desmedida.

Cernícalo es hombre ignorante y rudo, algo alocado.

Ganso,  el tardo,  perezoso, descuidado y simplón.

Hormiga, lo aplicamos a la persona constante y  ahorradora.

Pavo, hombre soso e incauto. Y si el pavo sube, sofoco tenemos

Hiena, persona de malos instintos o cruel.

Hay muchas más correspondencias de virtudes y defectos con la fauna silvestre y doméstica. ¡Qué mal trato recibe el cerdo, qué desagradecidos somos con esta especie asociándolo con la suciedad, a pesar de los exquisitos productos que nos reporta!

A veces hay que acudir al contexto para entender la acepción que ha querido transmitir el hablante.

Si en el ardor de una discusión alguien le llama a otro cabrón, sabemos que no está aludiendo a las cualidades del macho de la cabra para trepar por terrenos escarpados.

Para escarnio de la igualdad de sexos, cuando a una mujer se le  increpa con el término zorra,  se le  está llamando puta. Si le decimos zorro a un hombre nos estamos refiriendo a su astucia solapada, sin connotación sexual alguna.

Se dice del hombre que  liga mucho  que es un ligón y por el contrario a la mujer que hace lo mismo  se la pone que no hay por donde cogerla. Injusticias de la lengua, pero ella sólo es un crisol de la sociedad.

Falta mucho camino por andar todavía.

San Miguel de antaño

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El año agrícola empieza por san Miguel, cuando se voltea la tierra labrantía con la mano en la mancera para ofrecer su pecho fecundo al cielo esperando lluvia y tempero, cuando el membrillo maduro cae a la gavia y la brisa de la tarde trae hasta el pueblo olor a tierra mojada.

Por estas fechas  acuden al rodeo de Llerena los agricultores  y ganaderos a hacer los tratos de compra, venta o cambio de ganado.

Al rozar la alborada  los lomos de la sierra se tiene todo preparado: las bestias aparejadas, la merienda en la hortera y la botella de vino a buen recaudo dentro la alforja.

Por caminos hoy perdidos por el desuso  o apropiados por los dueños de fincas colindantes, cuando el sol de miel y membrillo de septiembre se comienza a  extender por los rastrojos y las pardas tierras de los barbechos, se inicia la marcha.  Sobre la bestia van pensativos los campesinos, acompañando con el movimiento de sus cuerpos el paso  uniforme y rítmico de la caballería. Después de casi dos horas de marcha llegan al rodeo.  Ante el acoso de los primeros tratantes que los han visto llegar, casi siempre de raza gitana,  ocultan  sus verdaderas  intenciones de compra, venta o cambio. El humo de un buen cigarro de petaca y  la mirada de reojo pasando de grupo en grupo, con mirada de liebre precavida, ayudan a estudiar la situación, mientras los animales, bien sujetos de los cabestros, abrevan en el pilar después de la caminata.

En el regateo hay que demostrar poco interés en lo que realmente se pretende y no dejarse embaucar porque el animal, azuzado por la varita de mimbre del gitano, muestre una postura bizarra y unos movimientos ágiles, pues no sería la primera vez que seducidos por el señuelo, se lleven en los días posteriores un desengaño al comprobar que lo que fue boyante en el rodeo, sin saber cómo ni por qué, se convierte en torpeza o falsedad.

Tras muchos tiras y aflojas,  muchas  fintas y amagos dialécticos, se cierra el trato de  compra, venta o  cambio con un apretón de manos y se emprende el camino de regreso.

Por estas fechas también se celebran los contratos verbales entre los grandes propietarios y  sus empleados: yunteros, pastores, gañanes, porqueros, cabreros… Mediante estos contratos trabajan durante un año  a las órdenes de aperadores y mayorales en las grandes casas de labranza. Si el trabajo es satisfactorio renovarán al año siguiente el pacto. El estatus laboral  de estos trabajadores  es intermedio entre los regímenes de los fijos y los eventuales. Son los acomodados.

La actividad en el campo se revitaliza  por san Miguel. Besanas y apriscos, arreos de yuntas y tañer de esquilas llenan la campiña de bucólicas estampas.