Solo de trompeta

 

 

 

 

 

 

 

Una trompeta en la noche

abre en la bóveda oscura del cielo

con filigrana de bucles rizada

brecha radiante y sonoro destello.

Lance  vibrante y audaz

roto en pedazos de lejanos ecos

que flotan con rítmicas notas,

mecidos tan sólo un momento

en la cuna del aire, tan quedo.

…y bajan pausadas de alardes vencidos

en copos de suaves reflejos.

…Y después la sutura del tiempo

sella  la noche  otra vez

con rotundo y espeso silencio.

 

La vieja farola

 

 

farola

 

 

 

 

Sola, en la esquina de la calle más lejana,  desnuda y olvidada, está la vieja farola, ajena a los vestigios de una noche ebria y borrascosa. Ya no alumbra los pasos diligentes de  mujeres enlutadas ni el andar presuroso del labriego en la alborada. Huyó la corte de  mosquitos zumbadores  y salamanquesas  cazadoras que aguardaban sigilosas  el momento del ataque.

Cómplice otrora de furtivos amores y de besos pubescentes, los ábregos, la desidia y la crueldad  terminaron por doblar su resistencia. Esqueleto metálico, deforme y herrumbroso, que alberga sólo el ruin casquillo de una bombilla rota.

Esta noche que necesito su luz me ofrece sólo el afilado silbido del  viento entre sus hierros retorcidos. Vacío, sin rumbo y triste, he llegado a este lugar presintiendo entre los mantos negros de la madrugada el borde anguloso de su talle. A oscuras, he sentido la fría pena de su soledad y mi amargura.

Octubre

 

 

 

 

 

 

Fecundo mes octubre  en que la tierra
recoge en  su matriz a la simiente
con calidez de una vestal yacente
que entreabre sus labios y los cierra.
 
El agua se descuelga de la sierra
con la luz de la tarde decadente
y empapa los sembrados  lentamente
tras la semilla que el arado entierra.
 
En cadencia temprana de horizontes,
rojos y carmesí, la luz se aleja
de los  húmedos valles y cañadas
 
y borra las siluetas de los montes
entre  el tañer de  lastimosa queja
de un aprisco de ovejas encerradas.

La cama

La cama es el lugar donde los sueños

construyen con espumas verticales

torreones que alba desvanece,

donde el dolor se siente

como acerada puñalada hendida

en el inquieto mar de los insomnios.

El  ansia del deseo

diluye el ímpetu de sus  efluvios

en el tranquilo lago de Morfeo.

Llega del fondo oscuro y acüoso

la vida envuelta en llanto.

Refugio de la mente

que oculta su tristeza

huyendo de la luz y de la gente.

Lecho en que el brazo  fuerte del arado

voltea la besana del descanso

y la patena en que  la vida ofrece

su  forzada gabela

a los alcabaleros de la muerte.