Ayuda imploro

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Las Musas de  Frans Floris de Vriendt

Decidme, musas, cuál es  el secreto

de meter, sin que falte la poesía,

la muerte, la pasión o la alegría

en los catorce versos de un soneto.

Sin merma de  buen gusto y con  respeto

a quienes tal vez lo lean  un día

ayuda imploro a  vuestra cortesía

y armado de valor me atrevo al reto.

Trabajo me costó llegar aquí

y no es poco el  que resta todavía,

pues no es la empresa asunto baladí.

Encaro ya el  último terceto

y, aunque  de amor y muerte no escribí,

académicamente está completo.

 

La casa cerrada.

Visité hace días con un amigo la casa de sus abuelos. Estaba cerrada y con evidentes signos de abandono, pero él conservaba vivos y nítidos los recuerdos de cuando era niño. De la charla que mantuvimos y de la impresión que me causó esta visita surge este poema.

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Está la  vieja casa  tan vacía

que hasta mi voz se da la vuelta

en sus estancias solitarias

y regresa con  ecos  temblorosos

a alojarse de nuevo en mi garganta.

Hay jaramagos secos en el patio

donde ayer había macetas

por  cuidadosas manos cultivadas.  

Una  capa de polvo cubre

las fotos de los que se fueron

y alguna telaraña cuelga

en  los rincones de la sala.

Sigue la luz dorada de la tarde

entrando por la puerta del  poniente,

donde antaño en otros días dichosos,

refulgían los bastidores

de excelentes  bordadoras.

Risas de niños  iban y venían del juego

a por la jícara de chocolate

y  a echarse el agua del botijo  a pecho.

De aquella vida que bullía alegre

sólo quedan  recuerdos.

Faltan ya los referentes  

que alegraron nuestra infancia.

Cuando el sol se está poniendo  me marcho.

Chirrían los goznes  con el óxido

y al echar la llave

mi corazón, de par en par,

abre las puertas de sus sentimientos.

 

Lluvia evocadora

niebla ylluvia

Llega de lejos tu presencia ausente.

La trae  el viento que bulle en la alameda.

La lluvia cautiva y  evoca cuando cae

en la apacible soledad del campo.  

El beso adolescente,

tembloroso y sincero, 

los latidos del pecho,

el  efusivo  abrazo,

las adelfas en el  río, tu pelo mojado…

Emociones primeras,

de la entrega a la vida sin rodeos.

¡Si yo  hubiese sabido

que tenía un tesoro entre mis manos…!

Sigue el cadencioso susurro  

del agua en la memoria acogedora.

Entre las hojas del olmo un ruiseñor espera

con las plumas infladas

a que la lluvia cese.

 

Noche de Reyes.

Reyes-Magos

Les mandé hasta Oriente

un carta alada

con trazos confusos

e inocencia blanca.

Mientras yo dormía

un paje con  capa

mi sueño de Reyes

ponía en la ventana.

Era tan real

que me despertaba

sin haber dormido,

¿o tal vez soñaba

estando despierto

en la madrugada?

Esta noche quiero

volver a ser niño

a ver si un prodigio

trae lo que espero.

Tiempos modernos

charlot

Tiene los ojos tristes esta  joven

de blanquecina piel y ojeras lilas.

Mientras  pasa mecánica  mi compra

por el pitido  agudo  de la caja

observo las facciones  de su cara

y su acción repetida me  recuerda

la esclavitud humana que retrata  

la excelente parodia de Charlot.

Y pienso que tal vez en un mañana

ni siquiera hará falta una cajera.

Modernos aparatos digitales

marcarán los productos que compremos.

A nosotros también en las espaldas

nos pondrán una clave programada.

 

Bella

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Perdone mi indiscreción

si vuelvo atrás la cabeza

tras ese andar tan garboso

que va dejando una estela

de gloria, fragancia  y arte,

señora.

¡Qué curvas tan bien mecidas

en los columpios del aire

por los goznes de su talle!

Almendra y miel en sus ojos,

sus brazos de piel morena

y sus pechos…

Debió bajarse del cielo,

luz, encanto y esplendor,

la diosa Venus al suelo.

Hasta después de la muerte

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Surge este poema de la inspiración  de la letra de un fandango que, ¡quién no ha cantado alguna  vez!

«Hasta después de la muerte

te tengo que estar queriendo,

que muerto tambien se quiere,

yo te quiero con el alma

y el alma nunca se muere»

Si me dejan soñar después de muerto,

aunque ya no despierte,

no te perderé nunca.

Te llevaré en el subconsciente

y seguro que aflora

en un tiempo sin horas,

libre de ataduras, tu recuerdo.

Iremos  en una permanente  juventud

por  prados verdes bajo cielo azul,

asidos de la mano de nuestros sentimientos.

Te llamaré a mis sueños

para unir los tuyos  con los míos.

Crearemos historias con bellos argumentos.

Así debe de ser la gloria,

la que esta tarde de diciembre,

acordándome de ti, presiento. 

 

Besos de despedida

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A mitad de la calleja

está sola la farola.

Resonaron hace horas

los  ecos de los últimos pasos presurosos

y bajó la madrugada

con su traje de escarcha

a posarse brillante entre las tejas.

La  salamanquesa acecha

el vuelo de una palomilla.

En el aire quedaron  los besos de una despedida,

dos chiquillos casi,

asomados   al despertar amoroso de la vida.

Vuela alto

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Para sentirte libre vuela sobre las cosas.

Con tu mirada abarca  todas las menudencias

que de cerca  te  crean los  problemas

y de lejos son nada,

simples quimeras.

Despréndete de ataduras, lazos  y problemas.

Planea dueño de ti sin más limitación

que lo que determina  tu conciencia

e intenta ser feliz

a tu manera.

Ahora

vino

Ya no es antes,

ni aún puede  ser después.

Es  ese preciso instante

en que en la copa de vino

que se derrama en tu boca

destella el brillo radiante

en una reunión de amigos.

Irrepetible y fugaz.

Ahora tienes delante

otro momento presente.

Y acabado este poema

ya es pasado.