Perdiz con reclamo.

 

 

 

 

 

La perdiz canta brava y altanera

con gallardos reclamos cuando empieza

a dar albor a  la  Naturaleza

la vida de incipiente primavera.

 

El cazador detrás de la tronera

observa todo el campo con fijeza

y espera que otro macho con braveza

acuda a defender hembra y  frontera

 

Acechos  con reclamos encelados

traídos  al señuelo traicionero

por otros semejantes enjaulados.

 

Rompe la placidez del cazadero

el disparo que barre los  sembrados

y enmudece la tarde de febrero.

 

Pesimismo.

Fotografía de Juan Sevilla http://www.flickr.com/photos/juaninda/

 

 

 

 

A la larga nos puede el sufrimiento

y el alegre disfraz que nos ponemos

difumina el dolor que padecemos

y mitiga el sufrir de algún tormento.

Pasajero placer de ruin momento

al calor de las copas que bebemos,

engañando  las penas que tenemos

y fingir que gozamos de contento.

Es la fe de futura eternidad

resplandor de un señuelo que nos ciega

en la busca y afán de libertad.

Esperamos la dicha que no llega

y  nos cubre de amarga soledad

la vida ingrata que hacia el fin navega.

Alzheimer.

 

Si  llega el olvido y no conozco a nadie ni recuerdo dónde estoy, no podré decir lo que ahora siento.

Y antes que esto ocurra, antes que mis ojos vaguen por las cosas sin pararse  en ellas, quiero que sepáis mis sentimientos.

Con el paso de los días iré olvidando todo y no sabré  quién soy ni  conoceré a los que ahora quiero.

Me iré despegando de personas y de afectos. Me quedarán las caricias que me deis, aunque no pueda responderos.

Huirá mi  mente y dejará aquí un montón de carne vegetando. No seré ya el mismo que ahora escribe. Desde una sima insondable os miraré sin veros. Tendréis entre vosotros a un muerto respirando.

Agujero negro.

Habrá de venir un día

que el sol devore a la Tierra

y al resto de sus planetas

en un giro de exterminio.

Después silencio absoluto.

El inmenso firmamento

seguirá con sus estrellas,

con sus  soles y  cometas

flotando en la inmensidad.

¿Latirán más  corazones

en lugares ignorados

y algún insomne poeta

escribirá  madrigales

a alguna dama soñada.

a la luz de alguna luna

que tenga  brillo  de plata ?

¡Es tan grande el Universo!

¿Qué quedará de la Tierra?

Será una mancha en el cielo

y en su lugar,  negro olvido

por los siglos de los siglos.

¿Dónde irán mis sentimientos?

¿Quedará  de pasión algún vestigio,

un querer, un dolor, algún suspiro,

el jadeo gozoso de un amor?

Sólo  el tiempo lo sabe

y la mano que mueve sus manillas

si es que hay.

En  la cola de un cometa

viajará guarecida  una semilla.

De  allí surgirá otra vez

a la luz y al calor de un nuevo sol,

el germen  de otro ciclo de la  vida.

Enero.

Fotografía de Juan Sevilla. http://www.flickr.com/photos/juaninda/

 

La luna reina sobre  los luceros

mientras el hilo de la escarcha hilvana

un vestido de luz a las riberas

para alumbrar de blanco a la mañana.

Está enero tejiendo en los senderos

alfombras blancas  de crujiente escarcha

para el paso temprano del labriego.

Gotitas de rocío  en la retama

aguardan las caricias  de la luz

para darle un  diamante a la alborada.

Muerte pobre.

Murió el padre de una tristeza amarga,

de un vacío de cueva succionada

por el  hondo suspiro  de la hiel.

La herencia que a su hijo le dejaba:

los honrados sudores de su piel

y unas manos frías y encallecidas.

Tras años enterrando las semillas

por los surcos del aire, se perdieron

los frutos de la siega y las gavillas.

No hay más rentas anotadas en su haber.

En el lecho de muerte su mirada

expresaba la cruel desolación

de una vida sin nada que ofrecer.

Y  si no fuese poca su desdicha

con el último aliento de su voz

y la angustia de verse fenecer

imploraba y pedía la absolución

temeroso de ver a Lucifer

por pecados que nunca cometió.

 

Doce campanadas

Doce campanadas,

doce ecos de bronce

huyen gong a gong

moviendo cortinas

negras en la noche.

No volverán.

Serán otros sones

los que se oigan otros años.

Los que suenen hoy

enfilarán la senda del olvido

vagando eternamente

entre galaxias y agujeros negros.

Es su  cementerio,

donde duermen sueño eterno

las palabras huecas,

las  promesas incumplidas,

los sonidos y los ecos,

donde yacen  arrullos amorosos

ajados y olvidados por el tiempo.

Debe haber un cementerio para eso,

para palabras que se lleva el viento.

Foto en primer plano

Fotografía de Juan Sevilla      http://www.flickr.com/photos/juaninda/

 

Miraba al exterior por la tronera

confiado en mi escondite observador:

fugaz el tiempo para los de fuera,

para mí, retrasado iba el reloj.

Nunca paré en mi rostro la mirada…

…y al ver en esta foto tan cercana

los surcos que la vida me ha labrado,

recibí una relojera bofetada

con mano cruel de arrugas y de canas.

Bruscamente caí de la  peana

donde el tiempo pensé que se paraba.

Ajada y cuarteada está mi cara

y  trazado el camino hacia la nada.

Tarde en Montijo.

Como aceite en el  agua

me muevo entre esta gente

a  la que no conozco.

Se saludan entre ellos

con  tópicos adioses.

Disfruto donde no soy conocido

porque observo libremente.

Una  mujer sentada con un niño

clava sus ojos  en la  lejanía.

Un pobre  viejo mira su reloj,

presintiendo que  el tiempo ha roto aguas

y asoma  ya su cabeza despiadada.

El tendero de la esquina

recoge el quitasol de la ventana

y penetra hasta  los anaqueles

la luz postrera  de la tarde.

El recinto se llena  de vecinos

que charlan o pasean

en idas y venidas

por las espaciosa plaza.

Tocan las  campanas, gritan los  niños.

Ajeno a sus afanes y quehaceres,

me voy solo por una  estrecha calle

en busca de silencio y de cobijo.

Miradas

Miradas hay que llaman

al  cálido cobijo de la entrega,

a  la ardiente pasión

de cimas y abismos conjugados

en trenzas de caricias envolventes

y cuerpos torneados.

Miradas hay de odio,

con ácidos fulgores despechados

que rayan el espacio de cristales,

afiladas aristas de la muerte.

Lánguidas miradas hay

en  bellas mariposas detenidas.

Belleza descuidada

de melancólicos mensajes llena

cualquier mañana azul de primavera.