La vieja farola

 

 

farola

 

 

 

 

Sola, en la esquina de la calle más lejana,  desnuda y olvidada, está la vieja farola, ajena a los vestigios de una noche ebria y borrascosa. Ya no alumbra los pasos diligentes de  mujeres enlutadas ni el andar presuroso del labriego en la alborada. Huyó la corte de  mosquitos zumbadores  y salamanquesas  cazadoras que aguardaban sigilosas  el momento del ataque.

Cómplice otrora de furtivos amores y de besos pubescentes, los ábregos, la desidia y la crueldad  terminaron por doblar su resistencia. Esqueleto metálico, deforme y herrumbroso, que alberga sólo el ruin casquillo de una bombilla rota.

Esta noche que necesito su luz me ofrece sólo el afilado silbido del  viento entre sus hierros retorcidos. Vacío, sin rumbo y triste, he llegado a este lugar presintiendo entre los mantos negros de la madrugada el borde anguloso de su talle. A oscuras, he sentido la fría pena de su soledad y mi amargura.

4 respuesta a “La vieja farola”

  1. Cuántos sentimientos y recuerdos me ha despertado tu farola. No hay nada más sugerente y romántico que aquellas farolas de antaño, hoy todo es funcional.
    Me alegro mucho de haber conocido tu blog, te pondré en mi lista.
    Un beso, Juan

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