La escarda

piedrgor

(Carta en el periódico HOY 16-12-2014)

Para limpiar los sembrados de vallicos, cardos y otras malas hierbas, antes de que empezaran a envenenarnos con los herbicidas, se escardaba la sementera. Cuadrillas de labriegos, surco a surco, recorrían las hazas con zuelas o azadones para que los cereales crecieran   sin estas malas compañías que ahogaban su desarrollo.

En las horas más  tranquilas de las labores domésticas, las amas de casa o los abuelos se sentaban a separar en dos cestos colocados a diestra y siniestra los garbanzos  de las granzas y de otros desechos que  la labor de recolección había dejado entre las leguminosas.

Lo mismo se hacía con las lentejas. Para evitar que una china pusiera en peligro la integridad de  dientes y muelas de los comensales, se extendían sobre el tapete de hule y con paciencia y tiento se iban purgando de tan incómodos huéspedes.

No había nada como estas sanas y antiguas costumbres para, sin dañar el medio ambiente,  separar el grano de paja y morralla.

Quienes tienen poder y recta conciencia bien podían aplicar esos ejemplos a la besanas y labrantíos  patrios, infestados de granujas que hurtan el bienestar de los demás y desvalorizan la noble labor del servicio público, antes que su daño sea irreparable o un viento racheado quede el mantel sin lentejas.

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