El rebusco, en el horizonte.

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(Carta en el periódico HOY  27-10-2014)

Los pómulos prominentes  eran colinas donde anidaba el hambre y en las cuencas profundas de los ojos había ansiedad y miedo. En la posguerra y muchos años después hubo quien tuvo que agarrarse a la vida en las cáscaras de los deshechos. Frágiles y escasas briznas para no morir mirando al cielo a la espera de milagros que nunca llegaban.

Costaba más un pan que un jornal de sol a sol. Mientras unos se enriquecían con el estraperlo, otros construían  artesanales hornos en tinajas para elaborar panes caseros.

El rebusco, con permiso de los dueños, era una  solución estacional que aliviaba estrecheces. Por esta zona de olivar  y cereales los asideros para no perder el carro de la vida, del que muchos tempranamente se apearon,  fueron espigas caídas al suelo en el bregar de la hoz del  jornalero y aceitunas de terroso aceite, perdidas en las grietas del barbecho, unas gotas  para mojar en los exangües calderos.

Las circunstancias, afortunadamente,  no son las mismas, pero la penuria enseña sus orejas negras a muchas familias.. No estaría de más que se regulara esta actividad con la aquiescencia de todos los que estén  interesados, evitando los abusos de los pícaros.

Una respuesta a “El rebusco, en el horizonte.”

  1. Esta mascara enorme
    com que o mundo nos adraba,
    dura enquanto o povo dorme,
    quando ele acordar, acaba.

    Nâo me dêem mais desgostos
    porque sei raciocinar………
    Só os burros estâo dispostos
    a sofrer sem protestar !!!.

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