El canto de la perdiz

En las zonas rurales los olivos llegan casi hasta las paredes del pueblo y puedes escuchar el canto de la perdiz sin alejarte mucho de los campos que lo circundan.
Por estas fechas el refranero avisa a los cazadores de que es tiempo de colgarse el perdigón a las espaldas y salir a practicar esta ancestral modalidad de caza que tiene acérrimos detractores y fervientes partidarios.
En estas fechas previas al levantamiento de la veda el jaulero se esmera en el cuidado de sus ejemplares y aumenta la frecuencia de sus visitas a las jaulas. Les pica bellotas, cerrajas, ‘lechuguetas’, acelgas silvestres, achicorias; les echa trigo, cañamones, pipas de girasol…Una alimentación rica y variada para la temporada de celo.
Saca los perdigones al sol del corral en donde se escuchan los reclamos de otros enjaulados que replican y llaman.
Los puestos o tuyos son ahora portátiles y los hacen con materiales artificiales. Antes se requería destreza y más tiempo para construirlos. Muy antiguos, los de piedras. Los construidos con ramón de los olivos, aprovechando la tala, los más utilizados. Parte fundamental de todos, la tronera, pequeña abertura desde donde se observan los lances. Se busca el lugar adecuado, según se salga al alba, a las once o de tarde.
El perdigón del campo acude a defender su territorio cuando escucha al intruso que quiere, gallardo y altanero, imponer su dominio y robar la hembra al compañero.  Ese es el meollo, la esencia que la naturaleza repite en casi todas las especies para su conservación.  En medio, el hombre, alterando el instinto más atávico y más placentero.
La utilización de la tendencia sexual no es un ardid exclusivo del mundo cinegético. También se ha empleado en el espionaje. Una bella mujer con sus encantos atrae a un ilustre personaje que embelesado por sus dotes olvida obligaciones y entra en plaza con tal celo que entrega información y documentos que no debiera. Es lo que sucede cuando el pensamiento baja del lugar destinado para ello y se enreda en las madejas del deseo. Dos casos, como ejemplos. Mata Hari, la espía nacida en los Países Bajos que trabajó para los servicios secretos alemanes y Cristina Keeler, la del caso Profumo, el ministro de guerra británico que tuvo que dimitir por sus debilidades amorosas.
Los bellos y variados cantos de llamada, reto, recibimiento y cortejo conforman un espectáculo sonoro y visual de gran belleza. La primavera despunta en la flor del almendro y aunque todavía no es su tiempo, en nuestra tierra la luz se escapa pletórica por las costuras del invierno.
Existe un vocabulario rico y onomatopéyico para designar los diversos tonos del canto de la perdiz: reclamos de cañón, de buche, ‘curicheos’ piñoneos, ‘piteos’, cloqueos, castañeos, titeos… Hasta hay uno que llaman responso que emite el enjaulado tras el tremendo disparo que enmudece al campo. Yo pienso que para comprender plenamente sus significados y los sentimientos que transmiten esos cantos tendría que ser uno perdigón.  Dicen que terminada la sesión de caza se le acercan al de la jaula los abatidos para que, viendo los trofeos, se sienta vencedor en el duelo. Me parece que eso es querer saber demasiado, sobre todo si entre ellos está la hembra a la que ha estado requiriendo con cariñosos y variados requiebros sonoros un poco antes. 

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