Despedida

Vino envuelta en los sudarios del aire. Traía la muerte asomándole por las barandas violetas de sus ojos. Se sentó en la silla de enea y estuvo posando su mirada en todos los rincones de la casa, como queriendo llevárselos consigo.

Aquí vivió su niñez y todos los espacios estaban llenos de ella. Tardó mucho en arrancar la vista del pequeño espejo rectangular, delante del que  su abuela se peinaba cada tarde antes de sentarse en la puerta de atrás a esperar a su marido de regreso del campo. La recordaba zurciendo la ropa con sus gafas de presbicia sujetas atrás con un elástico negro.

Antes de irse pasó su mano por la vieja puerta del corral, la que daba a la solana. La madera estaba reseca y descolorida. Guardaba las tardes ardientes del estío y el azote de los temporales entre sus grietas. Su mano amarilla y enferma, pero delicada y sensible, la recorrió con cariñosa parsimonia.

Era su sentimental despedida Al cerrarla sabía que no volvería nunca más a abrirla. La hierba que crecía entre los rollos  del patio se había expandido de forma anárquica, cubriéndolo todo. Se acercó al arriate donde el jazmín crecía bravío por las paredes desconchadas. El tinajón que recogía el agua de las canales y donde en las tardes de verano se asomaba hablando dentro de él para oír el eco de sus palabras, estaba ahora cubierto de jaramagos. Salió a la calle cuando el sol ya se ocultaba tras las sierras lejanas. Miró el crepúsculo de bellos tonos rojos.

Al mes de esta visita, ya entrado el otoño, cuando el rocío se posa en las hojas, se fue por la senda sin retorno y al jazmín de la vieja casa le salió por aquellos días una flor blanca y delicada entre sus hojas.

2 respuesta a “Despedida”

    1. Esta despedida está dedicada a muchas personas conocidas que ya se fueron. Como lugar pensé en la casa de mi abuela Josefa, en la calle Nueva, y como personas no hay una concreta, son varias, algunas de muerte reciente. De todas formas cuando uno lee algo siempre puede asociarlo con quien quiera o le sugiera, así se recrea cada vez que se lee. Muchas gracias, Francisco, por el comentario.

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