Bécquer mandaba al aire los suspiros, las lágrimas al mar. Ignoraba el destino del amor cuando hay olvido. ¿Subsistirán los sentimientos deshabitados de personas? ¿A dónde va el dolor cuando abandona el cuerpo del enfermo fallecido?
¿Y la ternura que provoca
la franca inocencia de los niños? ¿Vagan dispersos por el éter a la espera de nuevos inquilinos?