Sé prevenido.

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(Tempestad en el mar por la noche de Iván Aivazovsky)
Súbito vendaval e inesperado
sorprendió a mi velero sin  anclaje,
y al albur de inclemencias mi equipaje
por taludes y simas despeñado.
Más estragos sufrí por ser confiado
que los que provocó el turbión salvaje
y extraída lección y aprendizaje
surtiré para el próximo tornado.
Que la calma presente no previene
providencias de nuevas singladuras
y dejar las espaldas inseguras,
blanco ofrece al rival y no conviene,
pues habrá  quien de cañas haga lanzas
y convierta amistad en asechanzas.

Dios me libre del día de las alabanzas.

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Cuando me dejen en el lecho
donde nadie se da la media vuelta
para dormir  el sueño eterno,
volverán  compungidos
muchos  de los que me dejaron dentro.
Serán falsos  sollozos
descontados tiempo ha del haber de los  afectos.
Me sobra capital 
de quienes  quise y  me quisieron.
Así que  resérvense   halagos y alabanzas
los farsantes el día  que esté  muerto.

Amor deshabitado

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Off, de Edmund Blair Leighton.
Bécquer mandaba al aire los suspiros,
las lágrimas al mar.
Ignoraba el destino del amor
cuando hay olvido.
¿Subsistirán los  sentimientos
deshabitados de personas?
¿A dónde  va  el dolor cuando abandona
el cuerpo del enfermo fallecido?
¿Y la ternura que provoca
la franca inocencia de los niños?
¿Vagan dispersos por el éter
a la espera de nuevos inquilinos?
Si os dejáis caer por estos lares
traed  amor
que aún no  he consumido
y quedaos con los pesares,
que de tales sinsabores
tengo el corazón servido.

 

Desidia.

“¡Que la vida se tome la pena de matarme,

ya que yo no me tomo la pena de vivir!…”
(Manuel Machado)

flojillo

Con  la abulia metida  en los  bolsillos

van del aburrimiento a los hastíos

arrastrando la inercia de sus días

según caliente el sol de temporada.

Del  frescor de la  umbría

al  amparo invernal  de las   solanas.

Bostezo interminable que no cierra

la boca siempre abierta a la  desgana.

Si les valiera,

en el   postrer momento elegirían

que en lugar de morirse los mataran.

 

 

Refugio

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Navego  en ese mar de ondulaciones
que es tu cuerpo
para  encontrarte en el lado oculto del deseo.
Voy de  los sobresalientes  oteros
a las oscuras   simas,
cegado  el rumbo  por la deslumbrante luz
de los faros de tus ojos.
Acogedora  isla  donde, náufrago,
encuentro, en medio  de la tempestad, refugio,
exhausto de  gozo,  hasta  el estremecimiento.
 

Linde por medio

divorcio

¿Cuándo fue  imposible el regreso al punto

de partida  que hacía  más penosa

la vuelta que seguir hasta la orilla

opuesta  conociendo que la huida

cerraba  para siempre las cancelas?

¿Por qué no llegó el bote salvavidas

de una palabra a  tiempo, de algún gesto

que evitara  el naufragio presentido?

Como  desconocidos solitarios,

dentro de sus corazas reducidos,

viven  ajenos,   uno junto al otro,

cada cual por su lado a sus tareas,

ideando  quimeras que completen

la orfandad del vacío en compañía.

 

Envido y confieso.

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Antes que las marañas del olvido

eclipsen los recuerdos de mi vida

a  mi claro rival, bizarro,  envido

a la apuesta de la última  partida.

 

No albergo en las resultas  esperanza,

pues luchar  con  el tiempo es pujo vano

y  según la experiencia  que me alcanza

tengo el  duelo perdido de antemano.

 

Opongo al temporal mi rostro altivo

y  no  pienso  postrarme de rodillas

ni entregarme  sin lucha a ser  cautivo,

así engañes o pongas zancadillas.

 

De las batallas  en el alma  tengo

cicatrices de afrentas ya olvidadas

de las que no exigí  ningún devengo

ni guardo enemistades declaradas.

 

No busqué mal ajeno en mi provecho,

mas la daga traidora del amigo

en alguna ocasión dejó en mi pecho

desarmado la huella del castigo.

 

Disfruté de  mis ratos de alegría

y en  silencio sufrí las decepciones.

Un poso de sutil melancolía

aflora de secuela en  ocasiones.

 

Muchas veces detrás de la sonrisa

ocultaba una  sombra de  tristeza,

una espina intangible  e imprecisa

que a solas aumentaba  su   crudeza.

  

Mi norma es el derecho  natural

que de la condición humana  nace

y  defiendo el discurso  racional

para dar luz  donde el misterio yace.

 

No profeso doctrina ni creencia

que atice las calderas del averno

insultando mendaz la  inteligencia

con chantajes de fuego sempiterno.

 

Ni miedo os tengo ni  laurel espero.

Cumplid el mandato encomendado

de acabar conmigo el día postrero.

Lo vivido lo tengo  amortizado.

 

La  misión, con defectos, cómo no,

está más que  colmada, y al estribo

el pie, como Cervantes colocó,

feliz camino  en paz,  leo y  escribo.

 

Claridad

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No me empañes,  tristeza, la esperanza

en el  frágil cristal de mi existencia,

vaho que de imprecisa  inconsistencia

alevoso traiciona  y  dicha alcanza. 

 

No me  engañes con  pérfida  asechanza

que  me lleva  hacia el pozo de la  ausencia

donde empeño se vuelve indiferencia

y   el ánimo fatal  desesperanza.

 

Deja que la radiante luz del día

disipe turbiedad  en la hondonada

y desbroce caminos la alegría,

 

diáfana  claridad  inmaculada

que presente ante mí la lejanía

como fin de esperanza renovada.