José María Gabriel y Galán.

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JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN

Este pequeño trabajo, realizado en 2009, para presentarlo  en la Tertulia Literaria Ateneo  Llerenense fue elaborado a partir de las  colaboraciones que se aportaron con motivo del centenario de la muerte del poeta celebrada en el año 2005. He entresacado, resumido y relacionado todo lo que me ha parecido necesario para tener una visión amplia y, en la medida de lo posible, objetiva del escritor salmantino-cacereño. No he omitido las críticas negativas que a muchos escritores y estudiosos actuales les merece la figura de Gabriel y Galán, pero como nos recuerda Pilar Galán, hay que tener en cuenta  las circunstancias sociales, de tiempo y lugar en que  se desenvuelve su actividad literaria,  para tener una visión más cabal  de su obra.
Juzgarlo con la mentalidad de hoy y con los parámetros artísticos en boga es distorsionar la realidad. Quizás cuando pasen varias generaciones y siguiendo  pautas parecidas de análisis muchos escritores de vanguardia actuales, críticos con su obra,  merecerán el mismo olvido  y desdén  con  que hoy quieren condenar  a Gabriel y Galán.
El  presente trabajo consta de tres apartados:
-Biografía, elaborada a partir de los trabajos de Jesús Herrera Peña y Jesús Gabriel y Galán Acevedo.
-El lenguaje poético de Gabriel y Galán  con trabajos de Miguel Becerra y Antonio Salvador, profesores de la Uex.
-Opiniones sobre la obra de Gabriel y Galán.
BIOGRAFÍA (1870-1905):
Una vida apacible y tradicional.
El poeta nació en Frades de la Sierra, el 28 de junio de 1870  es decir, charro, de familia campesina más o menos acomodada, con un cuartillo de sangre extremeña aportada por su abuelo materno, médico-cirujano, natural de Coria.
Fue el cuarto de los cinco hermanos que sobrevivieron: las dos hermanas mayores (Enriqueta y Carlota) se casaron y vivieron en La Maya y Frades, respectivamente; Baldomero ejerció como abogado del Estado en Salamanca y Madrid, y Luis, el pequeño, continuó durante muchos años con los negocios familiares y acabó también en la Capital.  José María (que no estaba, en el esquema paterno, destinado a los estudios), cursó la carrera de magisterio en Salamanca y Madrid, por cierto con un excepcional expediente, y ello fue así gracias a la tenacidad de su maestro en el pueblo, don Claudio Gómez, que consiguió torcer (y no era fácil) la voluntad del padre del muchacho para que éste se dedicara a los estudios, habida cuenta del despejo intelectual que mostraba.
Sus padres se dedicaban al cultivo de la tierra y a la ganadería en terrenos de su propiedad, dos de las producciones típicas del campo charro salmantino. Su economía era la propia de quienes se dedicaban a la labranza y al cuidado de los animales por aquellos años finales del siglo XIX.  Su padre, Narciso, que vistió toda su vida el traje charro de calzón corto y chaquetilla , era de temperamento vivaz y vehemente y “listo y muy avispado para los negocios, pero honrado a carta cabal”; no alto, y enjuto de carnes, era jinete incansable y cazador contumaz. Un retrato certero dejó de él su hijo en la poesía “Ganadero” . Anduvo siempre muy metido en política y era el cacique local de los conservadores. Bernarda, la madre,  era el reverso de la moneda: de natural tranquilo y sosegado, constitución robusta y apariencia física agradable. Escribía versos sencillos y familiares, algunos de los cuales se han conservado. La infancia de Gabriel y Galán transcurre en su pueblo natal y allí en su escuela aprende las primeras letras. Se tiene constancia de dos composiciones que escribió hacia los doce años de edad: “La  aristocracia de mi lugar”, donde satiriza a personajes políticos de la zona, incluido el jefe conservador conde de Revilla  y “El manifiesto electoral” donde arremete humorísticamente contra los caciques de su pueblo que se ofrecían como concejales para la “felicidad” del lugar. A los 15 años se traslada a la capital, Salamanca, donde prosigue sus estudios. Para no cargar más la economía familiar, se buscó un trabajo en un almacén de tejidos que alternaba con sus estudios. De esta estancia en la capital salmantina, datan sus primeros escritos en verso, que al darlos a conocer a sus amistades, es elogiado y estimulado a que continúe escribiendo poesías. En 1888 obtiene el título de maestro de escuela y es destinado al pueblo de Guijuelo, distante 20 Km. de su pueblo natal. Tras una corta estancia en la escuela de este pueblo, se traslada a Madrid para estudiar en la Escuela Normal Central. En la capital de España reside por poco tiempo, pues esta ciudad cosmopolita despierta en José María un cierto rechazo, puesto de manifiesto en alguna de las cartas que escribe a sus amigos, en que la moteja bajo la denominación de “Modernópolis” . Después, su nuevo destino de maestro de escuela es a Piedrahita, (Ávila). Allí se  dedica a la pedagogía sirviéndose de los nuevos conocimientos adquiridos en su paso por la Escuela Normal Central de Madrid. Se tienen conocimientos de este periodo de su estancia en Piedrahita, a través de las cartas que escribe a algunos amigos, las cuales firmaba con el seudónimo de “El solitario”, tal era el bajo estado de ánimo en el que el joven maestro se encontraba por entonces. José María Gabriel y Galán se iba perfilando como un muchacho triste, melancólico y muy sensible y atento al mundo que le rodeaba. De convicciones profundamente religiosas recibidas de su madre, doña Bernarda, son sus primeras poesías el fiel reflejo de sus creencias. En una de las cartas enviada a un amigo, podemos averiguar lo que opinaba el sensible poeta sobre el castigo inhumano que para su moral suponía la pena de muerte, aplicada en España por entonces: «… pasado mañana, dará la justicia en esta localidad, el triste espectáculo de la ejecución del reo de un crimen cometido en una dehesa de este partido judicial hace ya dos años. Dios lo recoja en el cielo…» De su monótona vida de soledad y tristeza que por aquel tiempo caracterizaba al joven poeta, vino a sacarle el enamoramiento con Desideria, hacia el año 1893. Cuatro años después, en diciembre de 1897 anunciaba su casamiento con Desideria, (“mi vaquerilla” como solía llamarla cariñosamente). El 26 de enero de 1898, en una iglesia de Plasencia, contraían matrimonio José María y Desideria. A partir de ese instante, la vida del joven poeta experimenta un cambio radical; abandona su dedicación de maestro en la escuela de Piedrahita, y se traslada al pueblo cacereño de Guijo de Granadilla, en donde se encarga de la dirección y administración de una gran dehesa extremeña denominada “El Tejar”, propiedad de su tío Juan Antonio Rivero ( Su mujer, Natalia, era a la vez tía de Desideria). Encuentra así, la calma que necesita el espíritu sensible de nuestro poeta: la dedicación al cultivo del campo y del alma. Debido al sosiego que esta nueva ocupación le proporciona, y debido también a su sensibilidad y sus dotes de agudo observador, se dedica a escribir lo que le inspira el nuevo entorno en el que se desenvuelve. Poesías de pura raigambre racial, retratan las vidas de los humildes labriegos que trabajan y habitan en la dehesa; de los pobladores de aquellos pequeños núcleos rurales extremeños; de los amoríos entre los pastorcillos y las jóvenes zagalillas…En ese pueblo nace su primer hijo (Jesús, 1898), lo cual le inspira para componer la poesía «El Cristu benditu» con la que inicia sus famosas EXTREMEÑAS en las que el empleo  de la lengua vernácula, “el castúo”, aroma y vivifica la musa del poeta. En esa poesía refleja el autor la vida gris que pasó en su primera juventud y el gran cambio hacia la alegría que experimenta con su nuevo empleo y el nacimiento de su hijo. Pero Gabriel y Galán que era observador y poco iluso, conoce los aspectos negativos de su nueva vida: «Y vivo bien, gracias a Dios ; pero no me falta hueso que roer. En mi trato con las gentes sufro no poco. Las gentucas de las aldeas, al par que cosas buenas, tienen miserias y roñas morales que repugnan al estómago más fuerte, se necesita mucha calidad y mucha paciencia para vivir entre ellas(…). Con los ilustrados del pueblo no hay que contar para nada. No los desprecio por ignorantes, sino por tontos, por hipócritas y por mala fe, que de todo hay» En otra ocasión confiesa a un amigo, a través de la correspondencia epistolar: «…yo no tengo más amigos, en sentido estricto de la palabra, que uno de mis criados. Voy dejándome vivir, agua abajo, agua abajo, sin prisa alguna…»
Su segundo hijo nace el 27 de febrero de 1901. En septiembre de ese mismo año, convocado por la universidad de Salamanca, se celebran unos juegos florales. A ellos concurre Gabriel y Galán con la poesía titulada “El ama”. Preside el jurado del certamen el insigne rector de la universidad salmantina, filósofo, escritor y poeta, Miguel de Unamuno. El 3 de septiembre se da a conocer el fallo del jurado, que recae en la obra presentada por Gabriel y Galán; en ella, el autor había plasmado con gran hondura poética, todos los vivos recuerdos que guardaba de su madre, recia mujer de Castilla que le animó en sus comienzos literarios, y muerta unos años antes. En dicha poesía, nuestro poeta se mete en el personaje de su padre y desde esa ensoñación relata la vida de la pareja al frente de una gran finca imaginada que bien le pudo inspirar su realidad vivida al frente de la que él ya dirigía en Guijo de Granadilla. El 15 de septiembre de 1901, se celebran en la ciudad de Salamanca los juegos florales, en los que, en solemne acto, es entregada “la flor natural” a Gabriel y Galán, como premio a su bella poesía “El ama”. Debido a la huella que dejó la poesía ganadora y a la amistad surgida de tal evento entre los dos poetas, a partir de aquel momento, Unamuno y Gabriel y Galán comienzan una asidua correspondencia epistolar. A partir de ahí se empieza a dar a conocer como joven y singular poeta. Publica su libro de poesías titulado “Castellanas”. El éxito adquirido por esta publicación hace que el autor vuelva a dar a la luz su segundo libro titulado “Extremeñas” y poco tiempo después, un tercero de título “Nuevas castellanas”. En 1902 triunfa en los juegos florales de Zaragoza; al año siguiente obtiene los galardones de la flor natural, en los juegos florales de Murcia, de Lugo y de Sevilla. La fama con que irrumpía este joven poeta, en el panorama de la popularidad, adquiría un vertiginoso crecimiento en corto espacio de tiempo. El año 1903 es premiado por el ayuntamiento de Guijo de Granadilla con el galardón de «Hijo Adoptivo» de este pueblo cacereño perteneciente a la comarca natural de Las Hurdes. Para corresponder con toda gratitud a tal nombramiento, prepara una bella poesía titulada “Sólo para mi lugar” que es estrenada y recitada por su autor en tan solemne acto, el lunes 13 de abril de 1903. En 1904 recibe un homenaje en Argentina a resultas de ser premiada su poesía “Canto al trabajo”. Toda su poesía se desenvuelve en una atmósfera campesina y rural. Él supo cantar como nadie, la belleza del alma sencilla de los campesinos extremeños y salmantinos. Hizo poesía de lo más paupérrimo de las sencillas gentes de la entonces paupérrima comarca natural de “Las Hurdes” que luego supo retratar el español-mexicano Luis Buñuel con su film “Tierra sin pan”. Su extensa y valiosa obra es de una excelente y sublime sencillez, con la utilización de palabras y frases exentas de artificiales filigranas y sofisticaciones, que son el mimbre con el que va construyendo una poesía popular de alta sonoridad y cuidada rima, que cala fácilmente en el entendimiento de los menos instruidos en las artes literarias. Su verso recorre una amplia gama de medidas que va desde el hexasílabo hasta el hexadecasílabo. Sus estrofas más usadas son el romance, la cuarteta, la redondilla, la quintilla, la sextilla y el serventesio. Sus poesías publicadas se agrupan bajo los títulos: Campesinas; Castellanas; Religiosas; Extremeñas; Cuentos y poesías; Nuevas Castellanas; Poesías; etc… En las poesías escritas en la lengua vernácula extemeña, “el castúo” y en alguna que otra expresión de un lenguaje popular, para hacer notar que no pertenecen al correcto idioma castellano-español, van resaltadas en letra cursiva. El 6 de enero de 1905, con 35 años no cumplidos, a consecuencia de una pulmonía mal curada, muere nuestro joven poeta en Guijo de Granadilla (Cáceres), en donde su ayuntamiento mantiene la casa que habitó, como museo en donde mostrar los objetos personales más entrañables del poeta junto con manuscritos y libros, donados por sus descendientes.
 EL LENGUAJE POÉTICO DE GABRIEL Y GALÁN
 Este enfoque en el estudio de la poesía de Gabriel y Galán, ya fue abordado por Alonso Zamora Vicente en su artículo ‘El dialectalismo de Gabriel y Galán’ (Filología, 1950).
Dentro del vocabulario empleado por el poeta, algunas voces relacionadas con la agricultura pertenecen más propiamente a otros campos ideológicos, como los de la estructura social y el trabajo (el amo, jornalero…), los accidentes topográficos (canchalis, vereda, etc), los animales domésticos, o las plantas en general (olivaris, jabas, fresnos, tarmas, etc). La mayoría de estas voces no presentan interés geográfico-lingüístico.
Es quizá en ‘El embargo’ donde se hallan las formas más interesantes relacionadas con los trabajos agrícolas: Jerramientas, poco común en el habla tradicional referida a los ‘aperos’, no presenta mayor interés que la aspiración inicial, mientras que jocis (‘hoces’), forma léxica de extensión general en español, sólo suma a la fonética dialectal la actual rareza del objeto, casi desplazado por las máquinas modernas. Los ‘avíos’ es voz castiza y poco usual hoy, y se conserva en buena parte de las hablas del dominio del español, referida principalmente a los ‘preparativos e instrumentos para la matanza u otros trabajos’, pero no es común con el valor de ‘aperos’. Con esta referencia, González Salgado la recogió en Segura de Toro, en la misma comarca de Guijo de Granadilla.
Más interesantes desde el punto de vista dialectal son sacho ‘escardillo’, liendro ‘bieldo, horquilla para aventar la mies’ y segureja, ‘hacha’. Sacho, en sus diversas variantes (sacho, occidental; zacho, central y oriental), es casi general en Extremadura, pero en el entorno hispánico está presente solo en la franja occidental que comprende Galicia, Portugal, oeste de León y Zamora, Salamanca, zonas occidentales de Ávila, Extremadura, occidente de Andalucía y Canarias. Liendro, una de las múltiples variantes derivadas de la voz latina ventilare ‘agitar al aire’, es propia de la mitad occidental de Cáceres y del noroeste de Badajoz, mientras que otras formas se reparten el resto del territorio: bieldo, biendro y briendo aparecen en el centro de la región, desde el norte hasta la Serena y la Tierra de Barros; bierno en el este, desde el Campo Arañuelo hasta la comarca de los Montes en Badajoz; y biergo en el sur.
Los datos de los atlas lingüísticos españoles explican la repartición de las formas extremeñas: la meridional biergo es la más extendida en Andalucía, desde donde se ha propagado a Canarias, y está presente en otras zonas meridionales, por donde llega hasta Ávila; bierno es también toledana y del sur de Salamanca y de Ávila; liendro, briendo, biendro y otras semejantes son leonesas y se extienden a zonas castellanas occidentales, mientras que bieldo es la más difundida en las provincias centrales de Castilla. Por lo que respecta a segureja, es un interesante arcaísmo, derivado de segur, forma de origen latino que fue desplazada en casi todo el dominio del español por el germanismo hacha. En Extremadura, junto con otras variantes, es propia de Cáceres, mientras que es desconocida en Badajoz, y fuera de nuestra región, solo aparece en Salamanca y el suroeste de Ávila. En ‘El desahuciado’ se usa bochi con el valor de ‘hoyo para sembrar’ (en el Diccionario de la Academia, boche ‘hoyo, en los juegos de los niños’), voz especialmente propia de Cáceres y de Salamanca; y en ‘Plétora’, comuelgo ‘colmo de una medida de grano’, forma que, junto con las variantes cogüelmo, cogolmo y comolgo, es propia de las provincias leonesas y Extremadura, desde donde se extienden a zonas castellanas occidentales. En ‘Bálsamo casero’ aparece rastra(s), seguramente ‘labor de allanado de la tierra hecha con la rastra o grada’, forma que se ha registrado también en Salamanca, aunque es posible que su uso esté unido en otros lugares al del verbo rastrar, rastrear o arrastrar, que referido a esta labor está muy extendido por todas partes; y también cavucheo(s), derivado de cavar relacionado con las salmantinas cavuchar ‘cavar superficialmente’ y cavuchada, y con las andaluzas cavuchear y cavucheo. En cuanto a lagal ‘lagar’, referido al ‘molino de aceitunas’, está hoy extendido por la mitad norte de Cáceres y el oeste de Badajoz, mientras que en la mayor parte de esta provincia (como en casi toda Andalucía) se usa molino, y por el este de la región penetran almazara y, con mayor extensión en Cáceres, prensa.
En las hablas extremeñas, si se deja a un lado la fonética vernácula, no son muchos los elementos léxicos que puedan ser tenidos como propios, ni siquiera, como diferenciales con respecto a la norma general castellana. Así, jacienda ‘hacienda’, escuajal ‘descuajar, arrancar las raíces’ y forraji (en las que solo destaca la pronunciación regional), güerto y güerta (formas vulgares de todas partes), e igualmente trillo, cavar y aperos, son formas léxicas generales o casi generales en todo el territorio del castellano y sus dialectos. Jesa es la castellana dehesa, también general, aunque en Extremadura y en gran parte de Andalucía se presenta con conservación de la aspiración de la h y pérdida de la sílaba inicial (causada por el uso de la forma con el artículo, que deja la /d/ en posición intervocálica: la (d)ejesa > la jesa). Bellotera ‘época de la recogida de la bellota’ está registrada en el Diccionario de la Academia sin especial mención geográfica, mientras que aceitunera ‘época de la recogida de la aceituna’ se da como propia de Extremadura, aunque posiblemente se use también en otras partes. En cuanto a janega es la antigua forma popular castellana (llevada también a Aragón, donde lo más corriente es hanega, sin aspiración), pero esta variante está hoy en franca regresión en beneficio de la más conservadora fanega, que es la voz normativa y la que más se ha extendido en el uso moderno de casi todas partes.
Finalmente, otras voces son también generales o casi generales en todo el entorno del español, pero son menos conocidas puesto que están hoy prácticamente desusadas por causa de la pérdida de las prácticas tradicionales a las que están asociadas o por otras razones.
Entre estas están maquilar (se maquilan, en ‘Varón’), derivado de maquila ‘cantidad de grano o de aceitunas que se deja en el molino o en la almazara como pago de la molienda’; cuartillo ‘pequeña medida de capacidad’; güebra ‘huebra, cantidad de tierra que puede arar una yunta en un día’; y pago ‘término o predio, generalmente el plantado de vides o de olivos’.
Desde la perspectiva de escritor preocupado por la existencia de una poesía popular y llena de rasgos dialectales, probablemente el temprano estudio más sugerente sea el del poeta catalán Juan Maragall, prologuista de sus Extremeñas. Elogia insistentemente sus composiciones y señala: «Todo el libro es así, vivo; todo él escrito en ese lenguaje desarrapado, es decir, vivo: escrito en dialecto […] porque no son las lenguas las que hacen las obras, sino las obras las que hacen las lenguas. Y la poesía grande, la viva, la única, gusta mucho de brotar en dialectos».  Por eso, «la pasión humana, sincera y viva, él la sentía brotar en el ambiente popular que respiraba, en esa lengua extremeña de las gentes sencillas que le rodeaban». Estas intuitivas palabras explican en buena medida el arraigo y la fortuna popular de la obra del poeta de Frades durante varias generaciones. Pese a esta postura tan encomiástica, a la que podrían unirse otras como la de Miguel de Unamuno o Gerardo Diego, el carácter dialectal de esta parte de su obra no siempre ha sido interpretado de modo positivo. La postura de Manuel Alvar es inequívoca:
«Gabriel y Galán publica poesías salmantinas y extremeñas, pero sus pretensiones apenas quedan logradas; cuando se proyecta sobre ellas la lente del investigador resulta que no hay muchos dialectalismos extremeños, y no demasiados salmantinos, sino que están escritos en español vulgar».
Mucho más matizada resulta sin duda la opinión de Zamora Vicente, autor del análisis filológico más detallado de su poesía y que subraya cómo «el dialecto ha sido sacrificado a la rusticidad» y que, en suma, los elementos auténticamente dialectales son escasos. Sin embargo, el mismo autor indica, a propósito del léxico que «es probablemente donde con más espontaneidad puede dejarse entrever lo que ha persistido con más hondas raíces, en la literatura del poeta, de su hablar nativo».
Nunca olvidarse que estamos ante una obra literaria, una obra por tanto de ‘re-creación’ . Sin embargo, ofrece indicios suficientes sobre cuál es la modalidad popular reflejada.
 
OPINIONES SOBRE SU OBRA
 
Puesto a idealizar, Gabriel y Galán idealiza hasta el habla popular en sus famosas Extremeñas. Ya indicó Zamora Vicente que los rasgos dialectales de esa poesía son muy pocos, pero logran dar la sensación de dialecto, aunque éste no sea auténtico. La idealización de la vida tradicional que hallamos en la poesía galaniana es el fruto lógico de la ideología que profesó su autor. Gabriel y Galán, por educación y talante, se inscribe en la tendencia conservadora y católica más tradicional. Aunque su estatus de discreto terrateniente no le impidió solidarizarse con las desdichas de los desheredados. Pero son las suyas denuncias tímidas de la condición social de los humildes labradores en una época de agitación política en que ya existían organizaciones y sociedades agrarias en nuestra región. En la mentalidad del hacendado-poeta no entran los procesos de transformación social a través del cambio político, y menos si éste es revolucionario. Le beneficiaba al vate extremeño-salmantino la continuidad de ese sistema de explotación social, por mucho que se apiade o exalte figuras típicas de la ruralidad extremeña: el vaquerillo, el gañán, el pobre labriego, ‘la paupérrima jurdana’…
FERNANDO FLORES DEL MANZANO. Antropólogo
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Para el mes de septiembre de 1904 se ha programado un viaje del joven Rey Alfonso XIII por tierras castellanas. El viaje incluye visita a Salamanca. Francisco Jarrín-canónigo magistral de la catedral de Salamanca y catedrático de instituto- no quiere perder la oportunidad de poner ante el Rey la situación de las Hurdes y piensa en dos acciones: publicar un número extraordinario de la revista ‘Las Hurdes’ y llevar hasta Salamanca a un grupo de hurdanos para que actúen ante el Rey. Ni que decir tiene que una de las primeras colaboraciones solicitadas para el extraordinario de la revista es la de Gabriel y Galán. Éste les manda ‘A S.M. el Rey’, composición en diecisiete quintillas donde el poeta arremete contra quienes engañan ocultando la realidad «mintió la vieja embustera/ que llaman cortesanía»–, pinta su negra visión de las Hurdes y pide que haga el rey lo que del rey se espera.
El poema salió publicado en el número extraordinario de la revista correspondiente al mes de septiembre. Jarrín se encargó de hacer llegar la revista al Rey, de la que también era suscriptor. Igual que se encargó de organizar la embajada artística, llevando hasta Salamanca a un grupo de Nuñomoral, para que interpretaran ante el rey el típico ‘Ramo de San Blas’. Convencerles le costó a Jarrín pagarles doble jornal los días empleados, así como el viaje, la manutención y comprarles a todos blusas y alpargatas. Pero el 1 de octubre al mediodía, los ‘danzantes’ hurdanos lucieron ante el monarca sus habilidades. Naturalmente, Jarrín se llevó bajo el brazo el número extraordinario de la revista, lo que le dio oportunidad de hablar de ella así como del poema de Gabriel y Galán, al tiempo que con Polo Benito, el Dr. Pulido y Rafael Durán que le acompañaban, hacían ver al monarca y a las personalidades del séquito la precaria situación en la que vivían los hurdanos. Había quedado sembrada una semilla, que pronto germinó y dio algunos frutos. El más importante, sin embargo, aún tardaría dieciocho años en llegar, pero llegó: en junio de 1922 el Rey visitó las Hurdes. La redención por la que habían clamado Francisco Jarrín y José María Gabriel y Galán comenzaba.
TERESIANO RODRÍGUEZ NUÑEZ .Periodista
 
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LA EMOCIÓN QUE ME PRODUCÍA EL POETA
A finales de los cuarenta y principios de los cincuenta yo era un niño. En la barbería de mi padre se recibía diariamente el Arriba y el ABC. En la mesilla, junto a los paños de afeitar, había tres libros muy usados, encuadernados en rústica: La vida es sueño de Calderón, La venganza de don Mendo de Muñoz Seca y Castellanas y extremeñas de don José Mª Gabriel y Galán. Calderón me aburría, Muñoz Seca me hacía reír y Gabriel y Galán me emocionaba. Sus encinas eran las mismas que yo veía, sus azules cielos estrellados eran mis cielos, el olor de sus mieses era el olor de las eras de mi pueblo. Yo lloraba con el vaquerillo y me moría de pena con el desahucio y me aterraba con la muerte del ama, pensando en mi madre. La sonoridad modernista de muchos de sus versos endulzaba mi lectura. No he olvidado su apacible ingenuidad —su principal defecto, dicen— y jamás lo he escondido debajo de otros libros.
JUAN GARODRI . Poeta
 
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UN POETA QUE NO DEJA INDIFERENTE A NADIE
No es fácil distanciarse de la figura de Gabriel y Galán. Ensalzado por unos como padre de la literatura extremeña, denostado por críticos actuales, elogiado por Unamuno y Pardo Bazán, reducido a ganador de juegos florales o hacedor incluso de milagros, al menos es un escritor capaz de levantar pasiones, tanto en un sentido como en otro. A lo mejor es tan simple como situar a nuestro autor en su época, analizarle allí, y no pretender que su Arcadia sobreviva en nuestros días o su lucha contra el progreso tenga sentido ahora, pero tampoco abominar de unos textos coherentes con una forma de pensar, que no son culpables más que de responder a una educación y unos días ya pasados. Para mí, que comparto con él el apellido (lo que ha dado lugar a divertidos equívocos que no vienen al caso), Gabriel y Galán es el poeta de mi infancia. Es más, duela a quien duela, guste a quien guste, es el poeta que recitábamos todos los niños extremeños. Sigo recordando de memoria al niño que duerme en el monte, a la hija del sepulturero, con ese final de pañuelos robados que nos ponía los pelos de punta, las sábanas llenas de olor del embargo, la pedrada, el Cristu benditu, la declaración de amor de un don Juan rural… Y si, como se pregunta el poeta: ¿somos los hombres de hoy aquellos niños de ayer?, no olvidemos nuestro pasado, respetemos las palabras de otro siglo, dejémonos empapar, por qué no, de las descripciones de una Extremadura arcádica, y no alejemos a los creadores de su época.
Recitemos en este centenario los versos de la infancia. Al menos para mí, están llenos de recuerdos. Y, sobre todo, seamos humildes. No encasillemos y no seremos encasillados.
PILAR GALÁN . Poeta
 
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Hay veces en que, asombrados por el paso inmóvil de los años, recuperamos voces antiguas que como un río de ritmos acuden hasta el presente. Versos dormidos que regresan para sonar desde los pupitres de la infancia. Recordamos así los primeros poemas que hicimos nuestros en la escuela: El ama, El embargo, El vaquerillo, A Plasencia, El Cristu benditu… Cuánta música, cuántos ritmos, cuántas mañanas al calor de los versos familiares por vividos, por escuchados, por aprendidos y cantados a coro.
Y, desde un rincón de la clase, la figura del maestro como un tráfago de vida y poesía con el que aprender a sentir y a soñar. Pero más allá del sentimiento hondo hacia la tierra, de los acentos, de los lugares comunes, de la frágil niñez, quedaron sembradas las palabras, porque con ellas comenzamos a saber escuchar, a saber decir, a leer, a palpar el significado delicado del lenguaje: ¿Ondi jueron los tiempos aquellos?, como dijo el poeta.
JAVIER PÉREZ WALIAS. Poeta
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DESASOSIEGOS
Existen escritores del insomnio. Esos que te desvelan, clavándote en el hueso de sus desasosiegos, capaces de prenderte hasta rozar la médula de tu propio interior amenazado. Son escritores para la llamarada, cuando más penetrante es el acero – en apariencia frío – de su voz reflexiva. Son los que me provocan las palabras, la angustia del presente y la memoria; van más allá del tiempo y de mí misma, me obligan a agitar la transparencia y remover el limo de mi propio interior desconocido. Son cómplices y amantes a los que intentas comprender a fondo y siempre se escabullen. Son los que me devuelven a la intranquilidad: ese concepto tan parecido al del amor o el enamoramiento.
Huidizos e imposibles, focalizan el tiempo y el secreto, el asombro y la duda.
José Mª Gabriel y Galán no figura entre ellos pero en cambio, con él tengo una deuda íntima pendiente del silencio y el olvido. Unos versos leídos en familia me devuelven secuencias, fotogramas quizás de tintes sepias a la luz mortecina de un tiempo de braseros. Al calor de las brasas las noches monocordes se llenaban de raquíticas mantas que arropaban a niños vaquerillos. Había un paternalismo solapado en la mirada bondadosa y grave, una escenografía de embargos y varones ,una miseria digna en los gestos que acentúan la injusticia, un guiño solidario que marca las distancias de la pluma expansiva-expresiva por donde se colaban brisas y cierzos, sentires y sabores entre un pardo ropaje de palabras, parecido al perfil de los canchales, y una tonalidad sinuosa de acordes y de engarces frente a un dolor de tierra compartido del que la sufre y para el que la observa. El Ama, el Amo, el público sencillo y entregado, la fuerza del paisaje y su blandura, los seres y las eras, junto a las reivindicaciones reposadas, pueblan los versos del honesto poeta tan prontamente desaparecido. Agua clara parece en sus poemas…Acaso el limo del desasosiego, y el misterio del hombre que lo habita, lo encuentre yo – de forma subjetiva – en su casto temblor epistolario.
EFI CUBERO . Poeta
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SINCERIDAD AUNQUE DUELA
El interés que tiene parte de su obra ha sido sepultado bajo las interpretaciones, por lo general poco afortunadas y escasamente críticas, de un buen número de sus partidarios. Gabriel y Galán necesita, merece, ser leído con nuevas perspectivas. Me temo que en tiempo de efemérides acríticas y seguidismos bienintencionados pero de pésimos efectos, no será posible. Tendrán que pasar otros cien años. Gabriel y Galán es, y lo será más aún según pase el tiempo, un poeta menor. Y un poeta menor no debería ser considerado, bien por razones sentimentales, bien por intereses ‘regionalistas’, el poeta mayor, o el mayor poeta, de Extremadura.
JULIÁN RODRÍGUEZ. Poeta
 
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UN RICO PATRIMONIO PARA EXTREMADURA
El nombre me evoca infancia, crecí  escuchando a un rapsoda de El embargo, mi padre, hasta que a mis once años me lo arrebató la muerte casi con la misma  edad que Gabriel y Galán. Pero como a  Manrique, me quedó harto consuelo, su  memoria. Y así aprendí trozos de  Extremeñas leyéndolas en la escuela. En  1990 gané el premio de poesía de Guijo  de Granadilla. El mejor homenaje, como  prenda al recuerdo de los dos. Mi padre,  extremeño parte del pueblo, entre el  campo y la ciudad donde transitaba su  vida, comprendía el alma sincera del  poeta salmantino de nacimiento que  permitía expresar en sus versos las  palabras con que se hablaban  extremeñamente, con las que la vida  cotidiana se desarrollaba, con las que se  nacía y moría. Gabriel y Galán pertenece  al bagaje cultural de Extremadura, como  todo lo que pertenece a la Historia, no se  debe enjuiciar con los valores del  momento, valores que serán igualmente  transitorios y cuestionables para un  inmediato futuro.
ROSA MARÍA LENCERO. Poeta
 
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Siento hacia José María Gabriel y Galán un cariño entrañable, como si  fuese algo mío, un viejo abuelo próximo y querido.
Quizás se deba a que desde muy niño su presencia me fue cercana. Sus versos se recitaban en la escuela pública de mi pueblo y algunos de sus  poemas –’La pedrada’- sirvieron para mis primeros  ejercicios de memoria. Y ahí están. Como del ‘Tenorio’, estoy lleno de versos sueltos de Gabriel y Galán.
 Por eso yo me siento incapaz de analizar fríamente su obra. Y reitero el verbo sentir porque para mí esa obra es toda sentimiento. Estéticas aparte, me sirvió de niño; me sirvió de joven embravecido con la defensa de Extremadura; me sirvió, enamorado; me sirve ahora, cuando tantas melancolías empiezan a posarse sobre el corazón cansado.
Mi devoción por él me trajo, además, dos capítulos  inolvidables de mi vida: la relación con su nieto José Antonio, el gran escritor siempre presente, con el que debatí, a fondo, las estructuras político-sociales de la obra de su abuelo y mi primer encuentro con Jorge  Luis Borges, un día de abril de 1980 en el palacio de la Zarzuela.
Lo he contado muchas veces. El maestro Borges, ciego, me pregunta, tras un rato de conversación, por mi acento y al decirle que era de Extremadura, se queda pensativo e insiste: ‘Extremadura, Extremadura… ¿No era de ahí un poeta apellidado Gabriel y Galán?’ Y Borges empezó a recitarme ‘El ama’. El maestro se la sabía de memoria. «La aprendí entera, sabe usted, allá en la Argentina, cuando era niño».
Son cosas que ya van en la sangre, impresas de por vida. Y que ahora, con el centenario de la muerte del poeta, adquieren una dimensión especial.
SANTIAGO CASTELO
 
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Que un jurado presidido por Unamuno  premiara en 1901 la retórica diocesana de El ama confirma que el rector tenía,  además de mal oído para la poesía propia,  mal ojo para la ajena, en la que veía  alarmante falta de lecturas.
Contestaba el poeta, humilde como una  flor natural: Con esta gran ignorancia de  lo que se ha escrito y se escribe, ya ve  usted qué podré hacer, aun contando con  que pudiese hacer algo que mereciera la  pena de leerse.
Así que me limito a aprovechar mis ocios   escribiendo algo, salga lo que saliere. Y  así suele salir ello.
Quien fue una buenísima persona murió joven hace un siglo. Su poesía, modesta  y parroquial, había muerto en agraz mucho antes, tras fundar, quizá sin  querer, una estirpe melancólica de acólitos ajenos a la literatura y a la  historia. Que al Guijo de 1905 no llegasen libros se entiende. Que en la  Extremadura de hoy se reivindique la  tutela de esa sombra ‘cenéfica’ suena a  montaraz anacronismo.
SANTOS DOMÍNGUEZ .Poeta
 
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Gabriel  y Galán es uno de los más grandes poetas que en el mundo ha habido. Yo le descubrí en mi adolescencia y no he vuelto –o, mejor dicho, no he querido- volver a leerlo desde entonces. Pertenece al territorio sagrado de las experiencias en el umbral. Él me conmovió, me arrancó quizá algunas lágrimas (esta noche he dormido en el campo con el niño que cuida mis vacas; señol jué, pasi usté palante y que entrin tos hesus, no le dé a usté mieo, no le dé a usté lástima…), como el padre Arolas, como Meléndez Valdés, como algunos poemas de Espronceda que tampoco he querido volver a leer…, o de Campoamor (Señor cura, escribidme una carta, ya sé para quién es, ¿lo sabéis…?), o de Zorrilla (Pues, señor, yo desde aquí, buscando mayor espacio para mis hazañas di sobre Italia porque allí tiene el placer un palacio…), o de Núñez de Arce (¡qué vozarrón lírico el suyo!)… Yo soy fiel a ese ensueño, y guardo una gratitud enorme a los poemas (malos o buenos) que me enseñaron a sentir, que me educaron o maleducaron estéticamente, porque la ganga ideológica que arrastra tan a menudo la poesía no es nada –la luz de la razón se encarga luego de poner las cosas en su sitio- comparado con la visita de la intuición en esa edad en que la razón busca y sólo el corazón encuentra… Y estaban también los comics, las películas de romanos y de mosqueteros y de detectives de rostro velado por el ala del sombrero y el humo del tabaco… A mí me gustaban entonces las motos (aquellas Derbys de 49 centímetros cúbicos), el Chesterfield fumado con caladas interminables, las interminables conversaciones con los amiguetes del barrio, las muchachitas de los colegios de monjas… Y Gabriel y Galán, y el pirata (Asia a un lado, al otro Europa, y allá en el fondo Estambul), y las oscuras golondrinas, y el tren expreso, y oigo patria tu aflicción, y todo cuanto, oro o baratija, viniera a confirmarme en la tristeza impagable de aquellos viejos tiempos.
Y ese Gabriel y Galán que murió joven, que anduvo de maestro, que cantó su canción… Y al que nunca jamás volveré a leer, porque aunque quisiera leerlo, no podría: el muchacho que yo fui seguirá siendo siempre insobornable.
LUIS LANDERO. Escritor
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Aquí termina este pequeño trabajo sobre Gabriel y Galán. Respetadas todas las opiniones tengo que añadir como aportación personal que  Gabriel y Galán no es un poeta trascendente que trate los temas del amor, la pasión, la muerte, la zozobra de vivir, los celos, el dolor…de una manera original y excelsa como nuestros autores del siglo de oro, generación del veintisiete o de los cincuenta…No lo es ni  lo intentó, ni quizás pudiese. Ni, como dice Efi Cubero, es un poeta de desasosiegos, que remueva mi interior con angustia, Ni siquiera en las formas métricas buscó la innovación. Simplemente fue un poeta popular en su tiempo y hasta muchos años después, que llegaba a la gente, que se le recitaba en las reuniones y que trataba temas cercanos a las personas sencillas…Y que emocionaba, porque ¿a quién no se le ha hecho un nudo en la garganta escuchando “El embargo”?  Al fin y al cabo  “el poema es emoción, llanto, risa y fantasía, cadencia y ritmo en la voz que pasa de boca en boca y conmueve el corazón”

Comentarios a través de Facebook - El Blog de Juan Francisco Caro

2 pensamientos en “José María Gabriel y Galán.

  1. ¡Qué espléndido trabajo dedicado Gabriel y Galán!Como tú,yo he oído recitar en mi casa todos esos poemas.Y los aprendí también de memoria.Y los recito.Y me oyen y me preguntan qué digo.Y les explico…Y a nuestro Chamizo.Gracias por tus escritos,Juan Francisco.Te estoy sin ceramente agradecida por poner en mi corazón y mi mente tantas vivencias.
    Un cordial saludo.

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